Pbro. Lic. Marcos Rodríguez Hernández

Diócesis de Xochimilco

Comentario al Evangelio

En este III domingo del tiempo ordinario se concatenan tres acontecimientos que vale la pena mencionar.

En primer lugar, comenzamos la lectura del evangelio que nos acompañará durante estos domingos del tiempo ordinario, que será el evangelista Mateo; tomemos en cuenta que una de las características de su evangelio es la citación de pasajes del Antiguo testamento, como lo vemos hoy, que demuestran que Jesús es el cumplimiento de las escrituras hechas al pueblo de Israel. Y por otro lado, Mateo es el manual del verdadero seguidor de Cristo, que debe asumir todas sus exigencias.

En segundo lugar, ya desde hace algunos años, la iglesia celebra en este tercer domingo la importancia de la palabra de Dios en la vida de la Iglesia, solo en ella podemos encontrar la verdadera guía de nuestra vida. Y en tercer lugar, concluye el octavario de oración por la unidad de los cristianos, aunque este año no se puede celebrar, con la fiesta de la conversión de san Pablo, apóstol, que llevo el mensaje del evangelio hasta los últimos confines de lo que entonces era el imperio Romano. Es conocido como el apóstol de los gentiles, pues gracias a él se abrieron las puertas del evangelio a todos los hombres, no solo a los judíos. La salvación es universal.

Estos tres elementos se conjugan con la palabra proclamada este domingo, pues al iniciar Jesús su ministerio, se presenta como esa luz en medio de las tinieblas, que busca traer la buena nueva (el evangelio); la palabra antes de ser escrita es proclamada, y resuena en el oído y corazón de aquel que lo quiera escuchar.

La luz ilumina y termina con las tinieblas, de ahí que el resultado es natural: la conversión del corazón es tener disponibilidad para acoger la palabra y edificar, sin divisiones, como lo expresa Pablo en la segunda lectura. La iglesia de Cristo no está llamada a sembrar división, sino comunión. Las comunidades deben sentirse en comunión unas con otras, para formar el cuerpo místico de Cristo. Los lideres deben también ser conscientes de esto.

Finalmente, al acoger la buena nueva, podemos discernir lo que Dios quiere de nosotros; y lo primero es sentirnos llamados por Jesús. La llamada no es en primer lugar a una vocación de vida; la primera llamada es a seguir a Jesús, dejando la vida ordinaria para hacerla extraordinaria a través de la vivencia del evangelio. Ser pescadores de hombres no es más que compartir con los demás lo que Dios ha hecho por nosotros.

A la luz de lo que hemos presentado, podemos hacer algunas sugerencias para vivir con intensidad este tiempo de gracia que el Señor nos da la oportunidad de gozar:

1. Abre tu corazón, deja que la luz de su palabra ilumine tu vida y tu corazón, siente como también las promesas que Dios ha hecho están dirigidas para ti.

2. Siente el llamado de Jesús, no lo desprecies ni pongas peros para decirle que sí, el Señor no te compromete a nada que no puedas hacer y llevar adelante, solo pide que estes dispuesto a ser orientado para que orientes.

3. Busca que efectivamente la palabra de Dios no solo te llene a ti, sino también a los demás. Que tu respuesta sea para construir ese testimonio que hoy el mundo necesita. Seamos portadores de luz.

Que la Palabra sea luz, compromiso y misión en nuestra vida.

Domingo III - Tiempo Ordinario - Ciclo C