Pbro. Lic. Marcos Rodríguez Hernández

Diócesis de Xochimilco

Comentario al Evangelio

La liturgia de la palabra de este último domingo del tiempo ordinario nos invita a contemplar a Jesucristo, rey del universo, centrando nuestra mirada en el momento de la crucifixión.

Podríamos establecer tres escenarios que se desarrollan al mismo tiempo: por un lado, tenemos a los que observan el momento de la crucifixión, incrédulos, pidiendo una señal más a Cristo sufriente. Es el mundo caótico que no da cabida a Dios, que desde su caos no tiene más que incredulidad y busca simplemente un pretexto para seguir alejando a Dios de sus vidas.

En ese mismo lugar y tiempo está la escena de los ladrones con Jesús: Si tú eres el hijo de Dios… ahí está el creyente que, si confía en Dios, pero no del todo, que también pide una señal, pero se sabe acompañado por Dios. La paradoja del crucificado no es entendible sino desde la vivencia propia, y aun así no se cree. El sentido de la vida y de la propuesta del evangelio es la que encarna el llamado buen ladrón: entiende su estado de vida, y se acoge a la misericordia divina; hace entender esto al que reclama, y busca la mirada de Jesús. Con esto se cierra el año litúrgico, y también una nueva invitación de parte de Dios a través de Jesucristo a cada uno de nosotros: debemos reconocer, como el pueblo de Israel, reconoció a David, como su pastor, aquel elegido por Dios para llevar a su pueblo por los caminos de la paz.

Reconocer, como hace Pablo a través de este himno Cristológico, a la misma imagen del Dios invisible, con el cual quiso reconciliar consigo todas las cosas. Ese Cristo que hemos celebrado en su nacimiento, su ministerio, su pasión, muerte y resurrección. El ciclo se repite, pero nuestra vida no puede seguir así vociferando sobre nuestros dramas o reclamando a Dios. Nuestra mirada en el crucificado debe encontrar un camino nuevo por donde transitar, mejorar y vivir de manera comprometida nuestro seguimiento de Cristo.

Que nuestro rey, desde su trono que es la cruz, nos haga parte de su reino y nos lleve a la patria celestial. Así sea.

Domingo XXXIV - Tiempo Ordinario - Ciclo C