Pbro. Lic. Marcos Rodríguez Hernández
Diócesis de Xochimilco
Comentario al Evangelio
Llegamos al tercer domingo de cuaresma. Recordemos que la cuaresma también es un itinerario para los catecúmenos, que se han estado preparando para recibir los sacramentos Pascuales (Bautismo y Eucaristía). Por eso, en estos domingos se realizan los escrutinios y las entregas.
La segunda lectura nos habla de una especie de Bautismo; en efecto, los israelitas vivieron un éxodo que los llevo a la Pascua, es decir, una salida que los llevo a la libertad. Pero a pesar de los signos: cruce del mar, pan, agua, no creyeron.
La primera lectura nos habla del encuentro entre Moisés y Dios. Como eco de la semana pasada, Moisés también sube al monte y tiene una experiencia de Dios que lo conduce a su misión. A ello, se agrega el recordar que es el Dios de los patriarcas quien se apresta en atender sus clamores.
El catecúmeno, reconoce en esta preparación inmediata que las promesas de Dios se realizan aún ahora y por ello pide ser admitido en la gran comunidad, a través del Bautismo. Apenas inicia lo fundamental de su preparación, por eso advierte el apóstol: el que crea estar firme, tenga cuidado de no caer.
Y apenas iniciado el camino cristiano, corremos el riesgo de caer de nuevo en nuestros pecados y debilidades. Al mismo tiempo que surge el proceso catecumenal, surge también el camino penitencial. Esto es lo que vivimos en el evangelio.
Por ello Jesús enseña que la relación con Dios no es una relación de pecado-castigo, como sucede con los que manda matar Pilato o los que murieron por la torre de Siloé. La relación entre Dios y el hombre siempre será una oportunidad.
En este sentido siempre tendremos la oportunidad de dar el fruto que debemos y no ocupar la tierra inútilmente. La oportunidad de esta cuaresma es que podamos removernos, remover y renovarnos.
Así cumplimos los itinerarios cuaresmales: quien se prepara para el bautismo, ve la obra de Dios; quien cae en pecado está llamado a renovarse. Quien persevera, debe tener cuidado de no caer.
Que el camino que vamos haciendo esta cuaresma nos permita reconocerlo en medio de nuestra vida, convertirnos y dar el fruto que él nos pide.