Tiempo Pascual
Domingo III
"Nuestro corazón ardía"
Editorial


Cambio de época: una repetición vacía
Los obispos latinoamericanos habían realizado un análisis profundo sobre la su propia realidad, dando como fruto el Documento de Aparecida. Entre sus observaciones, se acentuó la expresión «cambio de época», misma que fue llevada como impronta magisterial por el Papa Francisco. De esta forma, se pretendía puntualizar los cambios profundos en la cuestión antropológica, cultural, social, y digital.
Han pasado ya 19 años, y los cambios siguen dándose en pasos agigantados, tanto que, el contexto de aquella expresión “cambio de época” parece irse quedando en lo obsoleto; pues mientras, entramos ahora en la era de la Inteligencia Artificial, con una fragmentación política cada vez más polarizada, familias con profundas heridas, con jóvenes que, paradójicamente, se identifican como “therians”, entre otras expresiones culturales. Y mientras todo esto sucede, algunos obispos mexicanos aún siguen de forma automatizada, con su pronunciamento de un “cambio de época”, que se decanta en un estancamiento semántico, pareciendo quedarse, cada vez más en un pasado rebasado, sin una claridad en el presente.
Nuestros obispos tienen que reflexionar y discernir permanentemente la realidad, pues la repetición retórica “cambio de época” nombra un fenómeno, que ya no lee su desarrollo, porque la realidad no se detiene en ese único punto, como fue diagnosticada.
El riesgo es claro: si no disciernen en los nuevos paradigmas y los distintos desafíos que conllevan, la reiteración del “cambio de época” será insuficiente, no porque sea falsa, sino porque hay rostros concretos con nuevas inquietudes por todos los cambios culturales que se dan en el marco del tiempo.
Paradójicamente, uno pensaría que los "paladines" de la sinodalidad y del cambio de época, son quienes llevarían una pastoral coherente con su percepción; y más bien, ha sido el pretexto para volver a una pastoral de masas; o para buscar la “bonita pose fotográfica” donde se instrumentaliza al pobre y al enfermo. Dicen y exigen que, en este cambio de época, los párrocos y los fieles deben salir de los templos, pero aquellos obispos que están en la urbe, no son capaces de peregrinar con su pueblo.
¿Notan que es una “bonita frase” “el cambio de época” para volver al absurdo de un catolicismo de apariencia?
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